Integrar o Evaluar: Las Contradicciones de la Inclusión Escolar

La Ley de Inclusión establece que nadie puede negarle la entrada al colegio a un niño o niña con necesidades educativas especiales
Javiera Zaccarelli

Eugenio Moya (21) tiene un encargo esta semana: debe tener listo un pedido de cuchuflíes bañados en chocolate blanco y negro para el viernes. Sobre su delantal blanco tiene puesta una percha de asadero de Súper Pollo, y en las manos unas mangas amarillas para no ensuciarse. Eugenio tiene un déficit cognitivo leve. Estudió en el Liceo Santa Teresa de los Andes, donde fue parte de su programa de integración, y ahora trabaja en el taller de cocina del mismo liceo.

Debe preocuparse de que todo en la cocina funcione y de que no se acaben los ingredientes. Hoy, mientras espera que llegue un grupo de alumnos al taller, rellena meticulosamente uno a uno los cuchuflíes con manjar, para luego bañarlos en chocolate y adornarlos.

En el actual gobierno de Michelle Bachelet se promulgó la Ley de Inclusión, con la promesa de terminar con la segregación escolar. Gracias a esta ley, todos los niños y niñas, sin importar su nivel socioeconómico o sus necesidades especiales, tienen garantizado el poder entrar a un colegio que reciba financiamiento público. Su implementación partió el año pasado en Magallanes y este año se incluyeron otras 4 regiones. Para diciembre de 2019 abarcará a todo el país.

Un grupo especialmente beneficiado con esta iniciativa es el de los niños y niñas con necesidades educativas especiales (NNE), como Eugenio.  

Los niños con NNE es la forma de nombrar a aquellos niños y niñas que tienen discapacidad visual, auditiva o intelectual; disfasia severa (problemas de coordinación de las palabras causado por una lesión cerebral); trastorno autista, de déficit atencional, del lenguaje y del aprendizaje; deficiencia mental severa o con multidéficit.

En simple, la ley de Inclusión establece que nadie puede negarle la entrada al colegio a un niño o niña con cualquiera de estas características. Lo que antes sucedía de forma habitual.  “Llamaba la atención que la gran mayoría de los niños con algún tipo de discapacidad asistía solo a colegios municipales”, asegura Isabel Zúñiga, directora de la Fundación Mis Talentos.

LA DISCRIMINACIÓN DEL PIE

Para que los niños y niñas con necesidades educativas especiales puedan aprender y desarrollarse en la sala de clases con la menor cantidad de dificultades posibles, el Gobierno creó en 1994 el Programa de Integración Escolar (PIE). Este es un subsidio que entrega el Estado por cada niño con NNE que entra al sistema escolar que recibe aportes del Estado.

Está destinado a que el colegio pueda proveerse de profesionales y herramientas para guiar mejor a los niños PIE dentro de la sala de clases.

Una contradicción con el objetivo de inclusión, es que el número máximo de niños o niñas que puede haber a través de este programa es siete por sala de clases. Sin la Ley de Inclusión, los establecimientos que recibían libremente a estos niños ya tenían problemas con este límite, debido a que en general cuentan con más de siete niños con NNE por clase. Por eso, muchos terminaban usando los recursos que llegan a través del PIE para ayudarlos a todos por igual.  Los expertos aseguran que con la Ley de Inclusión esto se verá agudizado.

“La entrega de dinero del PIE es segregadora, porque da apoyo solo por los niños que tienen un diagnóstico dentro de lo que la ley permite”, señala Felipe Vergara, coordinador fundacional de equipos PIE de Belén Educa.

Por ejemplo, para entrar al PIE, los padres deben presentar un certificado médico que asegure que el niño o niña tiene alguna de esas necesidades especiales. La subdirectora del programa de integración del Colegio Cree, Gabriela Fuentes, explica que el problema es que muchos de estos niños no entran en la categoría PIE porque sus necesidades especiales son producto de “factores sociales o lagunas escolares”, y nunca contarán con un certificado médico.  

LAS ESTRATEGIAS DE LOS COLEGIOS

El Liceo Santa Teresa de los Andes, de Rinconada de los Andes, el Colegio Cree, de Cerro Navia, y el Instituto Estados Americanos de Lo Barnechea, son algunos de los colegios que nunca han discriminado el ingreso de alumnos con necesidades especiales.

Estos tres establecimientos no hacen ningún tipo de diferencia entre alumnos con necesidades especiales dentro y fuera del PIE. Su política es clara: todo el que necesite ayuda la va a recibir, la única diferencia es que por el resto de los alumnos no reciben el subsidio.

En el Liceo Santa Teresa de los Andes estudian alrededor de 520 alumnos, de los cuales 105 tienen necesidades especiales. Esto es, 1 de cada 5 niños.

Más allá de la falta de recursos, los lineamientos y herramientas entregados desde el Estado no son suficientes para hacer un trabajo acorde a las necesidades de estos estudiantes. Por eso, los establecimientos han tenido que buscar sus propias fórmulas para potenciar sus habilidades. En el Liceo Santa Teresa, por ejemplo, crearon un sistema de talleres recreativos.

En 2015 el Gobierno promulgó un decreto con lineamientos para “diversificar la enseñanza”. Son 41 páginas con una guía sobre lo que tienen que hacer los profesores para adecuarse a las necesidades de sus alumnos.

En este documento, el Gobierno le da libertad a los docentes para decidir qué hacer con el currículum cuando tengan niños o niñas con necesidades especiales, siempre y cuando pasen los contenidos mínimos que les permitan a estos alumnos seguir aprendiendo. Así, el profesor puede decidir eliminar algunas materias o variar la forma en que evalúa el aprendizaje.

Daniel Montenegro es profesor de integración de enseñanza media en el Instituto Estados Americanos. En su experiencia como docente ha notado que a los niños y niñas no les gusta sentirse diferentes. A medida que van creciendo, aumenta el rechazo que tienen a ser tratados distinto. Por eso, explica, muchas de las pruebas que hacen en el colegio tienen adecuaciones mínimas e intentan que se vean iguales a las del resto.

“En una prueba de lenguaje, por ejemplo, variamos los verbos en las preguntas de los niños que sabemos que tienen dificultades”, cuenta Daniel.

Felipe Vergara, coordinador fundacional de equipos PIE de Belén Educa, asegura que los profesores “se sienten desorientados y sin herramientas” para adecuar el modelo de enseñanza a niños con necesidades especiales. La razón: nunca se les ha enseñado cómo hacerlo. En las carreras de pedagogía de las universidades, no hay un ramo que los oriente en este sentido, revela Francisco Javier Gil, director del Programa de Acceso Inclusivo Equidad y Permanencia de la Universidad de Santiago.

Gabriela Fuentes es subdirectora del programa de integración en el Colegio Cree y ha visto con sus propios ojos estas deficiencias. Por eso el colegio destina recursos y tiempo para capacitar a sus profesores.

SIMCE VERSUS INCLUSIÓN

En el Decreto 83, el Ministerio de Educación establece que para asegurar la trayectoria educativa de todos los estudiantes “no se puede atender a todos de idéntica manera ni aplicar la programación de manera rígida y uniforme”.

Esto se contradice cada año cuando el Simce llega a las salas de clases. A esta enorme cantidad de niños distintos, el Simce los evalúa con la misma prueba: una estándar, homogénea y no diversificable. 

“Es contradictorio con nuestra esencia, con que somos todos distintos, aprendemos distinto y expresamos lo aprendido de manera distinta”, señala Felipe Vergara, de Belén Educa.

Estos tres colegios, al igual que muchos otros en el país, decidieron abandonar la batalla por obtener los mejores puntajes Simce. Todos sus alumnos, independiente de sus capacidades, rinden la prueba y el establecimiento asume que quizás sus resultados no serán los mejores. Para los niños con NNE permanentes, que son máximo dos por curso, existe un formulario en el ministerio de Educación para que no sean considerados en el puntaje del colegio.

Se podría pensar que en todos los colegios pasa lo mismo, pero no es así. A las autoridades de esto tres establecimientos les consta que hay colegios donde se les insinúa a los niños con NNE que no vayan al colegio los días que tienen que rendir el simce para no afectar los resultados del colegio.

“Muchas veces se piensa que son alumnos que van a disminuir o bajar el puntaje, pero hay que tener presente que no siempre es así. He tenido la experiencia de alumnos con un diagnóstico de trastorno autista, que tienen un coeficiente intelectual altísimo y por lo tanto su rendimiento es incluso por sobre el rendimiento de sus pares”, cuenta Gabriela Fuentes, del colegio Cree.

El Simce es importante. Es importante para los colegios, los profesores y los apoderados. A los padres les da una guía de qué colegio tiene mejor rendimiento en esta prueba, y así pueden elegir dónde va a estudiar su hijo.

El coordinador fundacional de equipos PIE de Belén Educa, explica que el Simce también puede ser determinante para la evaluación de los docentes en cada colegio. Muchos de ellos lo toman como herramienta para medir qué profesor es mejor y de cuál podría prescindir el colegio, explica.

Francisco Javier Gil, director del Programa de Acceso Inclusivo Equidad y Permanencia de la Universidad de Santiago, piensa en una posible solución: que el Simce mida de alguna forma el valor agregado que estos niños entregan al colegio. “Es violencia no tener una solución para esta gente”, agrega.

“Si no les exigimos, no se desarrollan; y si no esperamos nada de ellos, no aprenden nada”, afirma Francisco. Por eso, colegios como estos intentan sacar el mejor provecho de sus capacidades. Y Eugenio es un ejemplo. Luego de estudiar en el liceo Santa Teresa hizo un curso de capacitación en gastronomía y hoy trabaja todos los días en algo que le gusta y en lo que es bueno.