La activación será femenina o no será

La reactivación económica requiere que las mujeres vuelvan a trabajar cuando quieran y cuando lo requieran y también que se reconozca el trabajo que hacen en sus casas a través de una remuneración justa.
Ignacia Núñez
co fundadora Causa Minka / Empresa B

¿Nos imaginamos un mundo donde se pierda la mitad de los talentos existentes? ¿Y donde este talento, en vez de estar en actividades productivas pagadas, se quede en sus casas sobrecargado de tareas domésticas y de cuidado sin recibir pago? Eso es lo que esta pasando hoy en Chile. 

Según la encuesta nacional de empleo del INE, la tasa de participación laboral del último trimestre (noviembre 2020 a enero 2021) es del 57,2%, pero al revisar los datos por sexo podemos ver que solo el 46% de las mujeres que están en edad de trabajar lo están haciendo o están buscando empleo. La tasa de participación laboral femenina llego a su punto más bajo entre abril y julio del año pasado, cuando se ubicó en 41%, una cifra que no se registraba desde antes de 2010. 

La encuesta evidencia que de las 6.771.085 personas que no están buscando empleo por diferentes razones, 4.359.860 son mujeres. La suspensión de clases y la crisis sanitaria ha hecho que muchas decidieran, junto a sus familias, encargarse de cuidar a quienes lo necesitan. La pandemia desnudó las debilidades de nuestra sociedad: el trabajo informal, la desigualdad de género al buscar y encontrar trabajo y las barreras que por años han llegado a construir esta cultura donde la mujer trabaja incansablemente en su casa y no recibe pago por eso. ¿Cuántas mujeres podrían llegar a los más altos cargos empresariales si compitieran en igualdad de condiciones? El problema es que la igualdad de condiciones no existe y el mundo del trabajo en Chile se está perdiendo talentos y habilidades únicas.

Las soluciones que hemos desarrollado e ideado desde Minka, empresa social que busca generar oportunidades laborales de calidad para mujeres son varias. Una de ellas es llegar con trabajo a la casa de las mujeres que no pueden salir a trabajar, por ejemplo. En nuestro caso entregamos semanalmente un kit de materiales para que mujeres artesanas trabajen desde sus casas, en los tiempos que tienen disponibles. A la siguiente semana retiramos los productos y se paga justamente por cada uno de ellos. Como nosotros, otras empresas podrían utilizar este modelo para generar empleos de calidad. 

Por otra parte, es fundamental que el Estado y la empresa en conjunto se hagan cargo del trabajo de cuidado que realizan las mujeres, pagando remuneraciones por esa labor invisible que permite que otros sí puedan desarrollar sus actividades. De esta forma se activaría la economía de barrio y se valorizaría el tiempo que las mujeres dedican al cuidado de niños, enfermos o adultos mayores. 

Las soluciones planteadas anteriormente son fundamentales para las mujeres que no pueden salir a trabajar. Sin embargo, también debemos pensar en cómo logramos que ellas vuelvan al mundo laboral tradicional, con horarios establecidos y fuera de su casa. Para lograrlo es fundamental contar con una red de cuidado barrial y mejorar la oferta de educación de párvulos que permita un contexto para el trabajo fuera de la casa con menores preocupaciones. También es clave que en trabajos formales se elimine la brecha salarial y se asegure que mujeres y hombres ganen lo mismo por iguales responsabilidades y obligaciones. 

En el caso de mujeres que están buscando opciones de trabajo como independientes, se debe facilitar y acompañar este proceso para así permitir flexibilidad laboral y generación de ingresos de calidad, no de sobrevivencia, con gran foco en la digitalización de los negocios, la bancarización de las empresas y la inversión directa a estos negocios. 

La reactivación económica requiere que las mujeres vuelvan a trabajar cuando quieran y cuando lo requieran y también que se reconozca el trabajo que hacen en sus casas a través de una remuneración justa. El aporte que hacen a la sociedad, cuidando y educando personas desde sus casas, no debería significar un retroceso en sus carreras profesionales, ni truncar sus posibilidades laborales futuras, porque son ellas las que están permitiendo que otros se desarrollen laboral y profesionalmente. Solo así podremos llegar a una sociedad justa e integral donde no dejemos a nadie atrás.

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