La salud chilena habla creole

La población haitiana en Chile es hoy cuatro veces mayor que en 2010, sin embargo, a pesar de su crecimiento, aún viven complejas situaciones sobre todo cuando concierne a temas de salud y las barreras del idioma.
Gabriela Campillo

Una puerta azul cruje en Independencia. Al abrirse deja entrever un pasillo recto, sin techo. El suelo es de tierra. Al lado derecho, una fila de pequeñas piezas. La primera, con la ventana a la calle, tiene una cama de dos plazas y ropa apilada en los costados. En ella viven 5 personas, 3 mujeres y 2 guaguas. Todos haitianos, todos de piel negra, todos sin saber ni una palabra de español.

Kreyol, kreyol, kreyol.

Una de las mujeres está acostada en posición fetal en la cama, de espaldas a la guagua. Cubre su cabeza con un gorro de lana. Tiene frío, pero a esa hora en Santiago hay más de 30 grados. Las otras dos mujeres hablan con alguien que entró a la pieza, una visitante también haitiana. “Pregúntale cuándo tiene control”, dice desde afuera de la pieza una chilena, también con uniforme.

Kreyol, kreyol, kreyol, 5 minutos de kreyol, creole en francés, el criollo de Haití.

“Tiene control en 2017, pero parece que la guagua está vomitando, dice que por los dientes está tosiendo, pero no tiene fiebre”, le dice Rachel Andral a la trabajadora social a sus espaldas.

El uniforme de Rachel no es verde, azul ni gris: es un delantal blanco con frutas de colores. Viene de visita desde el Centro de Salud Familiar Juan Antonio Ríos, a una cuadra del lugar, donde trabaja como facilitadora intercultural.

Rachel Andral es parte de un programa piloto del Ministerio de Salud con profesionales mediadores entre los pacientes haitianos y los médicos, matronas o enfermeros. Si bien los facilitadores interculturales existen en Chile hace casi diez años para las comunidades indígenas, los nuevos facilitadores como Rachel hablan creole y su trabajo consiste en ser un puente entre ambas culturas.

Actualmente, este plan piloto funciona en la zona norte y centro del país, y pretende ampliarse en 2017 a otras que lo necesiten.

“Estamos desarrollando competencias culturales en nuestros funcionarios y tener sistemas sensibles que puedan hacerse cargo del gran desafío que significa la migración”, explica Jossette Iribarne, encargada del Programa Salud Migrante del Ministerio de Salud y Secretaria Ejecutiva de la Mesa Sectorial de Migraciones.

IDIOMAS Y MÁS IDIOMAS

-QUÉ – ES – LO – QUE – QUIE – RE

-¡¿Por qué me están gritando?!

-Tranquilo, te hablan así para que entiendas.

-Bueno, ¡pero si yo no soy sordo!

Rachel Andral cuenta que en Haití hablar fuerte se interpreta como una falta de respeto, pero los chilenos tienden a gritar cuando alguien no entiende el idioma. “Yo les explico a los haitianos que no es porque los funcionarios estén enojados, sino porque no saben cómo comunicarse”, dice.

Además de los facilitadores interculturales, el Servicio de Salud Metropolitano Central decidió lanzar en febrero de 2015 el Proyecto Babel, un sistema de traducción en línea con siete lenguas: creole, chino, hindi, francés, portugués, inglés y ruso. Hoy el programa cuenta con 50 voluntarios que trabajan como facilitadores lingüísticos en tres turnos de 8 horas, conectados en línea a través de la Oficina de Informaciones, Reclamos y Sugerencias (OIRS).

Junto a eso, un grupo de matronas de Santiago decidió implementar talleres de creole por la necesidad de comunicarse con las mujeres haitianas embarazadas. La demanda de profesionales que querían aprender el idioma fue tal que tuvieron que crear una página web. Hoy la iniciativa es un aula virtual administrada por el Servicio de Salud Metropolitano Central, con 1.500 inscritos y una lista de espera de 3.500.

DESAFÍOS DE SALUD PÚBLICA

“Los condones para los haitianos no sirven…¡Ese sí que es un problema de salud pública!”, dice entre risas Alejandra Aguilera, asistente social y encargada de migrantes en el Cesfam Juan Antonio Ríos de Independencia. Junto a Rachel Andral ha aprendido mucho de la población haitiana, atendiéndolos en el consultorio, visitando a las mujeres en sus casas y conociendo su realidad.

Más allá del humor, las profesionales del Cesfam detectaron que los condones entregados por la salud pública son de mala calidad, se rompen, y no cumplen sus funciones de anticoncepción ni de protección de enfermedades de transmisión sexual. “¡Hazte el examen del VIH! Horas en el mesón”, se lee en la pizarra a la entrada del consultorio.

Aquella pequeña pieza de Independencia donde viven 5 haitianos se considera en condiciones de hacinamiento crítico según el Ministerio de Desarrollo Social. El 9,1 % de los migrantes vive de esta manera, con 5 o más personas durmiendo en una misma pieza, situación que influye en sus condiciones de salud.

En el acceso a la salud también hay temas pendientes: un 8,9 % de población migrante no tiene acceso o no está adscrito a la salud pública. En el caso de niños y niñas es un 12 %. según datos de la encuesta Casen 2013.

“Nuestro mayor desafío para el próximo año es documentar todos los avances desarrollados en este último tiempo y publicar una Política de Salud de Inmigrantes en los primeros 6 meses de 2017”, promete Jossette Iribarne desde el Minsal.