Basepública

Rafael Cavada: “No entiendo cómo hay gente que confunde informar con incentivar al odio”

El conductor de In Situ de basepública dice que le gustaría ver más periodistas interesados en cubrir la protesta social y opina que la tecnología, la publicidad y la elitización de los medios los han separado de los intereses del 50% de los chilenos que vive con menos de 400 mil pesos mensuales.
Antonieta de la Fuente

Le han pedido ser constituyente. No formalmente, pero sí personas en la calle le han dicho que debería presentarse. Dice que todavía, y recalca que eso puede cambiar, le atrae más seguir en el periodismo y siente que puede aportar más desde esa vitrina. 

A sus 52 años, Rafael Cavada, el conductor de In Situ de basepública, lleva 30 años haciendo televisión y radio, pero paradójicamente siempre quiso trabajar en prensa escrita. Por eso, cuando se visualiza en cinco años más, se ve viviendo en Uruguay, país de origen de su madre y su mujer y en donde vivió parte importante de su infancia. Se imagina sentado en una tarde lluviosa en una playa, escribiendo. No sabe bien sobre qué, pero confiesa que, aunque le da pudor narrar en primera persona, es algo que le gustaría. 

Historias, al menos, tiene. En esta entrevista habla sobre periodismo, sobre el rol de los medios, el estallido social y su experiencia en In Situ.

El periodista

Para Cavada el periodismo se trata de dos cosas: controlar al poder y contar historias como los viejos de la tribu, siempre, advierte, sin perder el rol social. “No creo que ser periodista se limite a poner una historia en pantalla, en un papel impreso o en la radio. Los periodistas tenemos una función social que tiene que ver con orientar a la opinión pública en torno a lo que es importante, a lo que es urgente, a lo que está bien y lo que se podría hacer mejor”, dice. 

«De alguna manera los diarios se volvieron un insumo para la elite, no para la ciudadanía media que privilegió la tele«.

-¿Deben los periodistas tomar posición, opinar?

-Yo no veo que sea malo opinar, siempre y cuando dejes claro que esa es tu opinión y que esté fundamentada. Los juicios deben basarse en algo más que tu mera impresión. También es cierto que uno habla mucho desde la impresión, pero es saludable y decente que uno le diga a la audiencia: “Esto es mi opinión, y tengo pocos argumentos más allá de aquellos”. 

-¿Por qué crees que la gente ya no le cree a los medios como le creía antes?

-Uf, ese fenómeno es multicausal. Primero, y por encima de todo, está la irrupción de las nuevas tecnologías de la comunicación que convierte a cada persona en un difusor y receptor de información. Lo segundo tiene que ver con la publicidad. Siempre recuerdo que, Sarkozy, el más liberal de los gobernantes de Francia de los últimos 50 años, prohibió la publicidad en la televisión pública. Porque entendía que la publicidad y el deber de tener una televisión pública eran contradictorios. Después, hay un fenómeno que es más objeto de estudio de la sociología. Chile, después del plebiscito del 88 abandonó las calles y se metió adentro de su casa. Y la ventana fue la tele. En un momento el 83% de este país se informaba por la televisión. La televisión necesitaba vender publicidad y lo que más vende es la entretención. Entonces una serie de contenidos quedaron fuera. Y de alguna manera los diarios se volvieron un insumo para la elite, no para la ciudadanía media que privilegió la tele. Entonces, todo fue confluyendo hacia pérdida de legitimidad que creo que se grafica en el Apaga la Tele, Sal a la Calle, tan clásico del estallido social. 

-¿Cómo ves la irrupción de nuevos medios de comunicación, entre ellos basepública, y tantos otros medios digitales que están surgiendo?

-Estamos en la etapa de experimentación. Es como el Liverpool de los Beatles. Había cinco mil grupos tocando y salieron algunos muy buenos y otros que nadie recuerda. Hoy día hay muchos medios que ponen todo el acento en el contenido, muy poco en la forma. Y la forma también es importante. Otros ponen mucho foco en la forma, pero el contenido flaquea. Hay otros medios que son muy combativos, hechos por gente que está en la calle todo el tiempo, pero que contrachequean muy poco. Entonces esa mezcla va a producir algo que para mi gusto tiene que ser bueno. Ese caldo está muy interesante, pero por el momento estamos en fase de experimentación.

El 18 de octubre

-¿Eres de los que vio venir el estallido social?

-No creo que haya nadie que haya dicho: el 18 va a quedar la escoba. Nadie. Pero sí, dos días antes conversamos en la radio sobre las protestas con un ingeniero en transporte de la UTEM. Y él decía: “Criminalizar la protesta de los estudiantes es jugar con la paz social”. Como tesis, creo que uno de los factores del triunfo del presidente Sebastián Piñera fue arreglar una serie de injusticias manifiestas. Y el que no lo pudiera hacer y el que en algún minuto pareciera que no le interesó hacerlo, fue de las causas más inmediatas, más de fondo del estallido. 

La tarde del viernes 18 de octubre de 2019, Rafael Cavada estaba en la radio Sonar, al lado de Canal 13, muy cerca de Plaza Italia. Recuerda que llegó a la radio en su moto por la vereda porque había un taco gigantesco. Al salir, ya habían comenzado las protestas de los estudiantes por el alza del precio del Metro. Algunos lanzaron las pantallas ubicadas en las estaciones a las vías del tren, lo que obligó a suspender el servicio. “La gente salió a la calle y se generó una gigantesca congestión. Y Carabineros, que estaba preparado para reprimir manifestaciones de estudiantes, se encontró con masas de personas enojadas a las que tiró granadas lacrimógenas, sin entender bien de qué se trataba. Y eso prendió la bencina que había desparramada por el suelo”, recuerda.

Mientras intentaba llegar a su casa sintió el olor. “El olor de los basureros quemados, de las lacrimógenas, ese olor es de zona de conflicto”, dice. 

Esa noche estuvo pegado hasta la 1 de la mañana en la televisión. Al día siguiente partió a Plaza Italia a grabar lo que estaba pasando, rutina que repitió casi toda esa semana. “Probablemente, y hasta mucho después, las autoridades no entendieron la naturaleza de esto y reprimieron las manifestaciones como lo habían hecho siempre. Y eso fue un error garrafal. Estos jóvenes iban a la Plaza Italia a protestar y eran reprimidos sin que se intentara un diálogo, un gesto de que hablara de la buena voluntad y no sentarse en el chivo de yo soy el que tiene la responsabilidad de mantener el orden. Porque eso, siendo cierto, no lleva a soluciones, no siempre lleva a soluciones”, opina.  

Esa demora, a juicio del periodista, generó lo que hoy día conocemos como primera línea. “Creo que hay mucha gente interesada en hacer que la primera línea sea vista  como un grupo de delincuentes. Es cierto que no es un grupo homogéneo, hay adláteres y grupos que se mueven alrededor y saquean y abusan, pero la primera línea tal como se conformó en aquellos días fue un acuerdo tácito entre manifestantes pacíficos y otros más aguerridos que se dieron a sí mismos la tarea de proteger las manifestaciones. Permitir que eso surgiera y se estableciera, es una responsabilidad del gobierno y eso fue un error que todavía estamos pagando porque se cortaron todas las posibilidades de diálogo”, reflexiona.

«Hay medios que son muy combativos, hechos por gente que está en la calle todo el tiempo, pero que contrachequean muy poco».

-También hubo mucha violencia, destrucción de pequeños comercios.  

-Y es cierto, es súper reprobable, nadie quiere violencia. Pero mi tesis es que la responsabilidad mayor es de la autoridad, que es quien tiene el mayor poder y el deber de mantener el orden público. Y no puede actuar siempre solo como un castigador, tiene que actuar también como un negociador. Y al menos en la era de Chadwick eso fue imposible. Cuando llegó el momento en que se podía negociar algo en Plaza Italia, ya era demasiado tarde.

“Me gustaría que fuéramos más”

-De alguna forma te transformaste en el periodista de la revuelta, ¿te acomoda eso?

-Me gustaría que fuéramos más. Me gustaría que más medios hubieran tomado la iniciativa de ir antes ahí.

-¿Por qué no pasó eso?

-No lo sé…Creo que hay factores personales. A mi me atrajo desde un primer momento ver qué es lo que ocurría. También hay factores institucionales; los medios suelen no tomar riesgos donde el camarógrafo o el periodista pueden ser apedreados y me parece lógico que así sea. También hubo un problema de que la gente no se sentía interpretada por los medios de comunicación. Creo que, de alguna manera, en el devenir de los medios de comunicación de los últimos 20 años habíamos ido perdiendo contacto con las necesidades más básicas y fundamentales de la gente, no solamente económicas, sino de comunicar. Y hablo como parte de los grandes medios, no voy a jugar de outsider acá. Nuestros intereses se fueron orientando hacia clases que tenían mayor poder adquisitivo y hacia intereses económicamente determinados. No necesariamente los verdaderos intereses del 50% de este país que gana menos de 400 lucas. 

-Te ha traído malos ratos con otros periodistas tu postura frente al estallido social? 

-Mmm, sí, (risas) Esto que voy a decir es muy cruel, pero yo no entiendo cómo hay gente que confunde informar con incentivar al odio. Yo no estoy incentivando a nada, estoy mostrando lo que está ocurriendo, porque siempre es mejor saber lo que ocurre que hablar de lo que te contaron que ocurre. El gran cuidado que tenemos que tener los periodistas es no caer en discursos políticamente interesados. Pero mostrar la realidad es una de las tareas esenciales de nuestra pega, tratar de interpretarla también. Y deslegitimar al otro no es parte de la solución, es parte del problema. 

-Generas mucha admiración y cariño, pero también harta odiosidad. Hace algunas semanas te amenazaron en un videojuego. Siempre has estado el trinchera ¿Hoy día que tienes hijos, te complica?

-Sí, lo primero que hice cuando me pegaron con un palo en la cabeza, fue sacar las fotos de mis hijos de las redes sociales. Me complica porque yo estaba acostumbrado a vivir como si no hubiera un mañana. Y tus niños son el espejo constante de que sí hay un mañana. El recordatorio de que mañana tienes que estar para ellos y hacerlo lo mejor posible. Pero no nos confundamos. No me parece que el temor pueda ser un factor. Porque además esos grupitos gritan mucho en Internet y te pegan en patotas de quince, pero donde valen las verdades cara a cara, entregando razones, desaparecen. Todos le podemos pegar con un palo en la cabeza a otro, todos podemos hacer un videojuego incentivando a matar gente. Sentarse a conversar y debatir, requiere más constancia, requiere más esfuerzo, requiere mejor disposición. 

In Situ

-Por qué te interesó participar en In Situ? ¿Qué te llamó la atención de este proyecto?

-El entusiasmo. Me sentí contagiado por el entusiasmo. Desde hace mucho tiempo tengo la sensación de que los medios están un poquitito atrincherados. Me da la impresión de que nos hemos metido en esos bastiones donde las cosas se hacen como se han hecho desde que las cámaras eran de cine, donde los discursos eran únicos, donde había cuatro canales, mientras que hoy lo que está ocurriendo no está en los sets de televisión, está en la calle. In Situ tenía la magia de ir a la calle y donde todos somos uno, donde todos valemos lo mismo. Y eso me sedujo. 

-¿Cómo fue la experiencia?

-Fue maravillosa. Hubo personajes con los que me tocó interactuar con los que uno dice: jamás habría hablado con esta franqueza, con esta naturalidad en un programa de televisión. Nikol, del campamento Marichiweu; Mario Orellana, de la Escuela de Líderes; la Sole Mella, de los recicladores de base; la Pilar Goycoolea que vino desde Antofagasta. Considero que esa sinceridad, esa naturalidad se ha ido perdiendo y hay que recuperarla.